Archive for Septiembre, 2009

Las escasas precipitaciones registradas han hecho de este verano en Euskadi una estación “muy seca”

Las escasas precipitaciones registradas han hecho de este verano en Euskadi una estación muy seca, una calificación a la que han contribuido los tres meses estivales, según el informe meteorológico del verano 2009 dado hoy a conocer por el Departamento vasco de Interior.

Según los datos recogidos en este informe, la distribución espacial dibuja los acumulados más altos en el noreste de Gipuzkoa, por encima de los 200 milímetros, otro máximo secundario en los montes de la divisoria principal de aguas, con valores de hasta 175 milímetrtos y los más bajos en el sur de Álava, donde no se sobrepasan los 50 milímetros.

Estos registros, expresados en porcentaje respecto al periodo normal 1971-2000, muestran un déficit de precipitación en torno al 50 por ciento a lo largo del territorio.

No se han producido acumulados diarios dignos de consideración, pero sí intensidades fuertes. En concreto, la tarde del día 1 de julio tuvieron lugar chubascos tormentosos que afectaron, sobre todo, a la Llanada Alavesa, incluida Vitoria. Durante el episodio se observó el rápido desarrollo vertical de un núcleo convectivo, que llegó a alcanzar más de 14 kilómetros, produciendo granizo de gran tamaño (más de 4 centímetros) en el centro de la tormenta y precipitaciones que afectaron a amplias zonas de la capital.

Las intensidades más elevadas se observaron el día 17 de junio, chubascos fuertes de carácter tormentoso en los Montes de Vitoria (Zaldiaran 27,5 milímetros por hora), debido a líneas de inestabilidad que cruzaron la Península desde el suroeste. En agosto no se produjeron ni acumulados ni intensidades significativas.

Respecto a las temperaturas, la estación estival se comportó de manera muy cálida, llegando a extraordinariamente cálida en las estaciones de referencia de Bilbao y Vitoria, según el periodo normal 1971-2000. La media en la costa se aproximó a los 21 grados y a los 19 grados en la Llanada Alavesa, más de 1,5 grados respecto a lo normal para el conjunto del territorio. En relación a las series del siglo XXI, las medias actuales ocuparían el tercer puesto, lejos de la efeméride del año 2003, y similar a lo ocurrido en el 2006.

Los tres meses estivales obtuvieron esta misma calificación. En todos ellos se produjeron entradas de aire muy cálido procedente del continente africano. En general, fueron de corta duración, debido a la rápida alternancia entre la dorsal anticiclónica subtropical, con la baja norteafricana entrando en la Península Ibérica, y el paso de vaguadas correspondientes a depresiones atlánticas que discurren al norte del cinturón de altas presiones subtropicales.

El día 23 de agosto puede considerarse como el más caluroso del verano. Numerosas estaciones de la zona cantábrica interior registraron más de 39 grados, superando los umbrales de temperaturas altas extremas (Orozko 40,4; Alegia 40,1; Sodupe-Herrerías 39,9; Ordizia y Llodio 39,7; y Derio e Igorre 39,5).

Los mapas sinópticos muestran la Península Ibérica ese día bajo una situación en omega, la dorsal anticiclónica sobre la misma y una depresión al oeste de las Islas Británicas reforzando la componente sur del viento. En esa fecha también tuvo lugar una galerna de intensidad moderada (Punta Galea 74,4 km/h; Almike 74,1 km/h, entre las 17.00 y 18.00 horas, momento de giro del viento a oeste).

Uno de los periodos más calurosos tuvo lugar durante los días centrales del mes de agosto. Precisamente, el día 15 se registró el valor más elevado, 40,6 grados en Alegia. La situación se ve también reflejada en las temperaturas mínimas, ya que desde dicho día hasta el 19 en puntos del litoral, de la zona cantábrica interior y de la Rioja Alavesa apenas bajaron de los 20 grados, experimentando varias noches tropicales.

fuente/europapress.es/

La Casa de Cultura de Llodio cambia su oferta para atraer a los más jóvenes

Propone para este curso clases de cine,diseño de vestuario, costura y abalorios.
Estrenará talleres de manualidades.

Hay novedades en la oferta de cursos de la Casa de Cultura. Los destinatarios son los jóvenes, que podrán acudir a clases de diseño de vestuario y costura, abalorios y cine. Se impartirán entre los meses de octubre y junio, como el resto de las que se pueden seguir en los edificios del parque de Lamuza.
La mayor parte de la oferta es para seguir cursos de pintura, especialmente para niños de entre 6 y 17 años, que podrán elegir entre cinco grupos diferentes que se imparten en días distintos y con horarios de tarde. Dos de las clases se podrán seguir en euskera. Para los niños también se han programado dos cursos de manualidades, que se imparten por primera vez este año. Los adultos, por su parte, podrán seguir cursos de restauración, bolillos, costura y talla de madera. Las personas mayores tienen una oferta específica, que incluye clases de vainica y ganchillo, dibujo y pintura, policromados y talla de madera. En total, se ofertarán 375 plazas este año, dado que cada uno tendrá capacidad para un máximo de quince alumnos y para que puedan empezar las clases, se necesitarán como mínimo diez personas interesadas.
El precio de los cursos oscila entre la gratuidad de los dirigidos a los jubilados y los 193 euros que deben abonar los que asistan a las clases de artes decorativas, costura, talla de madera o restauración. También los hay más baratos, como los de pintura, que cuestan 72,5 euros, aunque si los alumnos son jóvenes tienen precios especiales.
Inscripciones
El plazo de inscripciones permanecerá abierto hasta el 23 de septiembre en la Casa de Cultura aunque, como en anteriores ocasiones, los responsables han avanzado que si el número de aspirantes es mayor al de plazas disponibles, se realizará un sorteo entre los interesados. La rifa tendrá lugar el día 24 de septiembre a las siete de la tarde. El 25 se expondrán las listas de alumnos admitidos y antes del día 30 debe estar abonada la matrícula.

fuente/elcorreodigital.com

Pan casero, de ese quiero

Sólo una docena de obradores con horno de leña siguen activos en toda la provincia.

«No hay mejor refrán que buen vino y buen pan». En Álava, lo que antaño era común en cualquier obrador, es decir, cocer el pan con un horno de leña, hoy es privilegio exclusivo de unos pocos pueblos. ¿Los motivos? La rapidez en la elaboración del producto, la comodidad del panadero, la rentabilidad, el relevo generacional y la pérdida de exigencia de los consumidores.
Por ello, en todo el territorio de Álava los hornos de leña que están aún calientes se cuentan con los dedos de las manos: uno en Zuaza, dos en Okondo y Amurrio, y tres en Llodio y Orozco conforman la oferta, que a excepción del horno situado en Peñacerrada, en la Montaña Alavesa, todos se encuentran en la zona limítrofe a Vizcaya. «Es mucho trabajo y la gente ni se entera de si es de leña o no», señala Anselmo Belastegui, panadero de Bernedo.
Por el contrario, Javier, del caserío Gatazka de Amurrio, defiende que se trata de dos conceptos totalmente diferentes. Pese a haber cambiado el antiguo horno de leña de su suegro por uno eléctrico, no escatima elogios hacia el sistema antiguo. «Es como comparar los huevos de granja con los del supermercado».
La producción que se consigue con una forma de elaboración y con otra fue otra razón imperiosa para que se animara a cambiarlo. «Para hacer 70 panes en un horno de leña necesito siete horas, mientras que en el eléctrico con dos vale. Hoy la gente prefiere piezas de media cocción, calientes y a un buen precio antes que los panes ‘bien elaborados’, que son algo más caros».
Otro dato a tener en cuenta es el notable descenso del consumo. «No hay más que ir a la plaza y ver qué meriendan los chavales. Seguro que ves pocos bocatas», apunta Isidro Salcedo, panadero de Artziniega. «España sigue muy por detrás de Europa. Mientras en Bélgica, Alemania, Francia e Italia los consumidores cada vez exigen panes mejores, aquí cada día se elaboran peor». Hay más. Asegura que este es uno de los países que registra mayores problemas intestinales y de estreñimiento por el «pésimo» pan que consumimos.
Nabarro, panadero de Okondo, y gran experto en la materia, coincide en ello. «Hay una lamentable educación en este sentido. En el 80% de las panaderías de Vitoria el producto está mal cocido y esto provoca muchísima acidez y problemas digestivos, máxime si se come caliente. Se te hace una bola», afirma.
Según el experto, la mejor manera de saber si un pan es bueno es examinando los ojos de la miga. «Cuanto más irregulares sean, mejor será».
«La pérdida de calidad viene, en gran medida, por trabajar demasiado deprisa. ¿De quién es la culpa? ¿Del panadero o del cliente, que ni te exige ni te lo agradece?», reflexiona en alto Txema Pascual, gerente de Artepan.
Cereales con química
Los panaderos artesanos coinciden en que el problema estriba en los cereales con los que se elaboran las harinas. «Antiguamente el trigo con el que se hacía la harina de la masa madre era de mucha mejor calidad. Eran trigos que producían mucho menos grano que los transgénicos de ahora, pero ni sientan igual, ni tienen la misma textura ni el mismo sabor, ni la misma caducidad».
En este mismo sentido se expresa también Edorta, la quinta generación de panaderos de la familia Alonso, de Peñacerrada. «Hoy en día incluso las harinas que te venden como naturales, no lo son tanto. Están elaboradas mediante trigos de muy baja calidad, y para poder hacerlos panificables añaden química», explica.
Pese al paulatino declive del oficio, todos los especialistas consultados auguran un buen futuro para el panadero tradicional.

fuente/elcorreodigital.com/